Capítulo 95

El segundo partido lo gané a una galesa muy alta, simpática y que me regaló el peluche de un osito antes del partido.

-Te admiro, Katherine-, me dijo en un español muy elegante.

-Ay, eres muy dulce-, le dije emocionada, aunque fastidiada porque yo no tenía nada que regalarle para agradecerle el gesto.

Ella jugaba muy bien y aprovechaba sus grandes brazos. Parecían molinos y lanzaba unos pelotazos muy fuertes que me obligaba a hacer un máximo esfuerzo para responder sus remates. Además, gr
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