Luego jugué con una rubia altota, de fuerte pegada, y que le gustaba mucho atacar a los costados. Todas sus pelotas buscaban siempre el ángulo. No me fue difícil adivinar su estrategia. Y cuando le respondía sus disparos, me ponía a bailar muy sexy y eso la enfurecía mucho. La vencí 6-1 y 6-1 y cuando conseguí el punto final, ella me lanzó su raqueta. La esquivé con las justas.
-Anda a bailar a tu abuela-, me dijo indignada, y se fue meneando las caderas, cargando su toalla y su maletín, ech