Almorcé en el club y me quedé mirando jugar a los chicos y chicas que se turnaban en las canchas. Todos se alistaban para el open nacional, me contó un recogebolas. Los veía muy altos, impecables, excelentes en sus juegos. Formidables en sus raquetazos.
-Ese es Michael Hurst, es ahora la sensación de nuestro tenis, con él voy a jugar la final-, apareció, de improviso, Marcial. Me sobrecogí. Estaba lindo con sus pelos revueltos y la mirada destellante. Llevaba varios días sin afeitarse y es