Joan Ladd, mi primera rival en el Open, me complicó el partido. Yo estaba desconcentrada en realidad, aturdida y lloraba también. Me sentía muy mal, mi corazón sangraba y me sentía sin fuerzas, sin ganas, exánime y aburrida. Ella en cambio derrochaba entusiasmo en la cancha. Me ganó muy fácil el primer set 6-0.
Ashley me tomó de la camiseta. -Escucha bien, perra, tú has venido a ganar el Open de Estados Unidos y yo no voy a dejar que arruines el sueño de Gina, Maggi, Heather o el mío de ver