Capítulo XXXVI: Cautivada

Su cuerpo se paralizó. Dos niños, con los ojos cerrados, las manos y los pies atados hacia atrás, estaban tirados en el interior totalmente inconscientes. Sus cabezas estaban juntas, como si no quisieran separarse incluso estando dormidos. Las mordazas en la boca ceñían su piel, dejando marcas rojas en sus caras.

María dio un paso, subiendo el pie a la grada del carruaje. Las manos estab

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