Mundo de ficçãoIniciar sessãoLILIBETH
Respiro profundo, intento dormir un poco más, pero me es imposible, ya que los ruidos y voces inconexas al fondo, hacen que me remueva inquieta debajo de las sábanas frescas. Quiero abrir los ojos, pero mi cuerpo sumergido en el cansancio me lo impide. De pronto comienzo a caer de nuevo en un profundo sueño, cuando...
—¡Me importa una m****a!
Aquella voz… la reconozco, sin embargo, incluso antes de poder abrir los ojos y reaccionar, cae sobre mí un enorme balde de agua helada que me hace despertar de la peor manera.
—Pero ¡¿qué pasa?! —exclamo llena de rabia.
—Por lo menos ya estás despierta.
Levanto la mirada al tiempo que me incorporo de la cama de Lore.
—Ahí van unas sábanas hermosas —habla ella con una sonrisa que va de oreja a oreja.
Luego del beso con ese chico llamado Jonathan, y de que me costara alejarme de él, llamé a la traidora de Lore para que viniera por mí al club, estaba ebria y no era buena idea manejar en ese estado, llegar a mi casa no se consideraba una opción, sabía que él estaría esperando paciente mi llegada, por lo que ella era lo mejor de la noche.
—Lo siento —me disculpo con ella.
—Bien, ahora que estás totalmente despierta, quiero que me digas qué carajos es esto —Artemis me muestra su móvil.
En él, se ve claramente la foto en la cual aparentemente me estoy besando con ese desconocido.
—Okay, los dejaré solos —Lore sale disparada del cuarto.
«Cobarde»
Comienza a darme un poco de frío y me cruzo de brazos.
—Dime por qué…
—No tengo que darte explicaciones, ni a ti ni a nadie, mucho menos cuando eres un mentiroso, desleal y manipulador agresivo —sentencio dándome la vuelta para luego entrar al baño.
Me cambio la ropa mojada que me prestó Lore para dormir, y me pongo la ropa que traía ayer por la noche, al notar silencio doy por sentado que Artemis se ha ido, pero al abrir la puerta lo miro sentado en una de las orillas de la cama. Sus ojos recorren mi cuerpo y bufo.
—Si no te dije antes fue para no lastimarte —comienza—. Eres como una hermana pequeña para mí, solo intentaba…
—Claro —ironizo—. Y por eso has amenazado a todo el mundo para que no se me acerquen o peor aún, para que nadie nunca me abriera los ojos.
—¿Abrir los ojos sobre qué? —tensa el cuerpo.
—Sobre que eres un hijo de perra, eso es. No quiero hablar contigo.
—Pues lo vas a hacer —merma el espacio entre los dos y me toma del brazo.
Mis ojos se llenan de lágrimas que retengo llena de rabia, si hay algo que no soporto son las mentiras, y eso es porque siempre soy transparente con todos los que me rodean, esperando recibir lo mismo.
—No llores —suelta un suspiro cargado de desesperación.
—No lo hago —replico con molestia en las venas.
—No te dije antes lo de Damián porque creí que tarde o temprano cambiaría, y porque te vi feliz a su lado —miente—. Escucha, sé que estuvo mal pero no puedes hacer una locura, y por supuesto no puedes andar por la vida besando a extraños.
—Jonathan me besó, no yo a él —intento soltarme de su agarre, pero me es imposible.
De pronto sus dedos alrededor de mi piel, se vuelven enormes brasas cuando se ajusta y me lastima.
—Auch, duele —me quejo.
Alzo la vista, su mirada se torna oscura y penetrante, trago grueso.
—Oye…
—No quiero que te vuelvas a acercar a él —demanda—. Lo digo en serio, no te quiero cerca de él.
—Tú no tienes ningún derecho a pedirme eso…
En menos de dos segundos me carga sobre sus hombros y la cabeza me da vueltas.
—¡Bájame! —exclamo mientras salimos de la habitación de Lore.
—No —usa el mismo tono gélido.
—¡Eres un maldito mentiroso, vete a la m****a junto con Damián y Silver! —golpeo su espalda, aunque tal parece que no le hago nada.
Es como si estuviera golpeando la pared.
—Yo me encargo a partir de aquí —le dice a Lore, a quien no alcanzo a ver debido a que hago un enorme esfuerzo por no vomitar.
Salimos y me lleva hasta su auto, prácticamente me mete a la fuerza y resignada a que no me dejará en paz, de mala gana me pongo el cinturón de seguridad, evito mirarlo, enciende motores y al poco rato acelera.
—Mandaré traer tu auto —arguye.
No respondo.
—No puedes pasar toda la vida sin hablarme, somos…
Volteo a verlo llena de rabia.
—No, no lo somos, los mejores amigos no se mienten, esto me ha demostrado que realmente no te conozco —le lanzo una mirada amenazante.
Veo como aprieta el volante.
—Lo admito, la cagué, te pido una disculpa.
—¿Y crees que eso arregla lo que se rompió anoche? —bufo—. Damián me rompió el corazón, ¿sabes que estaba a punto de entregarme a él?
De repente frena y agradezco el haber tenido el cinturón de seguridad.
—¡¿Estás loco?! —exclamo.
Toma mi rostro con una mano y me obliga a mirarlo, sus pupilas están dilatadas, su respiración se torna agitada.
—No puedes acostarte con nadie aún.
Sus palabras me descolocan, jamás se había comportado de esta manera, como si estuviera dolido y enfurecido al mismo tiempo.
—Con nadie…
Sus ojos detallan mi rostro y si antes pensaba que no conocía a Artemis, ahora lo confirmo, la mirada que me lanza antes de soltarme y volver a tomar el volante, es aterradora.
No digo nada el resto del camino, para cuando llegamos a su casa, la cual está al lado de la mía, bajo rápidamente.
—Lilibeth.
Me llama, sin embargo, no volteo a verlo, camino directo a mi casa, entro y sacando mi móvil le marco a mi madre, necesitaba escuchar su voz, no obstante, no me responde, intento hacerlo a mi padre, pero obtengo el mismo resultado. Mis padres y los de Artemis eran abogados, una razón más para que fuéramos amigos, ya que compartíamos la misma poca atención de nuestros padres al estar viajando constantemente. Subo las escaleras con la intención de dormir un poco más, cuando mi móvil comienza a timbrar.
—¿Hola? —respondo al no reconocer el número.
—¿Señorita Wingstor? —una voz masculina al otro lado de la línea me hace fruncir el ceño.
—Sí, soy yo.
—Siento haberla interrumpido, pero su madre me pidió hablar con usted sobre un asunto que trataremos…
La llamada comienza a distorsionarse.
—¿Bueno?
—Su madre… van…
—No le escucho bien.
—Asesor… mañana… casa…
La llamada termina y espero recibir una nueva, sin embargo, no vuelven a llamar, por lo que dejo el móvil sobre la mesita de noche, me doy una ducha y duermo lo que me parece una eternidad.
[...]
Despertando al poco rato, la sed me hace levantarme por un vaso de agua, traía puestos unos sencillos shorts y una blusa de tirantes sin sostén, bajo las escaleras estando a punto de dirigirme a la cocina, pero…
—Gracias por atenderme.
Dice un tipo saliendo del área de las oficinas de mis padres, Artemis viene detrás de él caminando como si viviera aquí. Ambos me miran y siento los ojos llenos de odio de mi ex amigo sobre mí.
—¿Puedo saber qué sucede aquí? —entrecierro los ojos.
El tipo de traje se afloja la corbata aclarándose la garganta con manos nerviosas.
—Señorita Wingstor —comienza—. Vine a avisarle sobre una decisión que han tomado sus padres, en estos momentos no se pueden comunicar con usted debido al poco tiempo que tienen.
«Como siempre»
—Este joven me ha abierto la puerta, pensaba que debido a que estaba indispuesta, lo mejor era darle el recado con él.
—¿De qué habla? —pongo las manos en jarras—. Prefiero que me lo diga usted ya que me he despertado, él no es nadie importante aquí.
Ambos cruzan una estúpida mirada cómplice. Artemis ancla sus ojos hostiles sobre mí, recorriendo mi cuerpo a conciencia.
—Bueno, sus padres han encontrado un sitio adecuado en donde poner su bufete de abogados en Londres. Es por ello que…
Comienzo a impacientarme.
—Hable.
—Bueno, lo que me pidieron sus padres que le dijera, es que han puesto la casa en venta para mudarse a Londres, pero sabiendo que está en la Universidad, le han pedido el favor a la familia King, para que usted viva con ellos mientras termina sus estudios, luego podrá irse a vivir con sus padres y allá ejercer su carrera.
De pronto sus palabras me parecen el peor veneno, mis padres llevaban seis meses ausentes, luego me entero que se quieren ir a vivir a Londres y pese a mis diecinueve años y que soy mayor de edad, me siguen considerando una cría. No conformes al hacerme la vida imposible, venderán la casa y quieren que otra familia se haga cargo de mí ¿para qué demonios quisieron una hija?
—Puedo mudarme a Londres lo antes posible, terminar mis estudios allá —digo sin tomarme un minuto para pensar.
—Me temo que su padre dijo que eso no podía ser, no quiere que pierda el lazo que tiene con sus amigos, además, están en medio de un caso peligroso, no quieren importunarla.
—¡¿Y por qué no mejor me llaman?! Es decir, ellos…
—Tienen demasiado trabajo, lo siento.
El alma se me cae al suelo, un escalofrío recorre mi espina dorsal, en especial porque no solo conviviría con el pesado de Artemis, a quien no soporto, sino, con Damián.
—Eso quiere decir —mi voz tiende de un hilo, retrocedo un paso por instinto de supervivencia.
Artemis da un paso adelante y ladeando una sonrisa de media luna, responde:
—Que vivirás con nosotros a partir de ahora.







