Punto de vista de Betty
«Vanessa», grité en cuanto entré corriendo por la puerta de nuestra casa.
«¡Betty!», gritó ella, con pánico en su voz. «No sabía qué hacer», lloró. Adrian estaba en el suelo, con lágrimas corriendo por sus mejillas, respirando de forma superficial y desigual.
«¡Dios mío!», grité, tirando mi bolso a un lado y corriendo hacia él.
«Adrian», le llamé suavemente, arrodillándome a su lado. Su mirada estaba desenfocada, tal y como me había dicho el médico. Le levanté con cuidad