Cuando llegamos a casa yo estaba cansada y muriendo de ganas de ver a mis hijos. Pedro parloteó por un buen rato contando cómo ayudó a cuidar a sus hermanitos y que ahora estaban durmiendo con la barriguita llena.
Me fui a la cama sintiendo una punzada en la cabeza y tuve un sueño muy agitado, no por cuidar a los bebés, en realidad ellos eran muy tranquilos y Alessandro era un padre maravilloso, se despertaba por la noche y me ayudaba a cambiarlos y alimentarlos. Pero tuve pesadillas inconexas