58. CELOS
SEGUNDA PARTE.
Cada vez nos vamos acercando más al departamento de policía y, a diferencia de mí, que parezco estar a punto del colapso debido a los nervios, Erick se mantiene sumamente tranquilo mientras conduce el coche con una mano en el volante y la otra sobre su pierna.
—¿Esto no te pone nervioso? —le pregunto—. Porque a mí sí.
Erick me mira rápidamente para volver a llevar la vista al frente.
—No tendrías por qué estarlo —dice—. El único que debería estar nervioso es ese infeliz porque me