54. UNA GRAN MADRE
Una suave melodía empieza a sonar no tan lejos de mí. Intento ignorar el sonido y seguir durmiendo, pero a los segundos de que aquella melodía se deja de oír, vuelve a sonar.
Irritada, me reincorporo sobre la cama y después de notar que lo que está sonando es mi celular, me apresuro a contestar la llamada sin si quiera ver el nombre del contacto.
—¿Quién eres y por qué me llamás a esta hora? —suelto, bostezando.
—Son las seis y media de la tarde, Raquel —al otro lado de la línea se escucha un