Perspectiva de Dominic
Siete días. Ciento sesenta y ocho horas. Diez mil ochenta minutos. Había pasado una semana desde que dejé Milán, y cada segundo en Shanghái se sentía como una gota de agua golpeando rítmicamente sobre mi cordura. Estaba sentado en el escritorio de mi suite, rodeado de carpetas con sellos dorados y gráficos de proyecciones financieras que me importaban un bledo. Mis ojos ardían de leer contratos en mandarín e inglés, pero mi mente estaba estancada en el aroma de jazmín y e