XXVII.
–¿Le dijiste que le querías y te echó de su casa? –Ezra asimiló todo lo que acababa de contarle y lo resumió en aquella pregunta, asentí mientras mis ojos seguían en el techo de su piso, tirada en su sofá. Habían pasado varios días en los cuales no había visto a Miles, y tampoco había tenido el valor de contarle a alguien como me había roto el corazón por primera vez–. Vaya... ese tío realmente es un hijo de puta... Si te deja ir sin hacer nada, es un gilipollas, y él no tardará en darse cuent