Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer la había sorprendido en el rio. La yegua, una potranca hermosa color negro azabache, estaba bebiendo agua con frenesí. En tanto, Giselle estaba terminando de hacer sus necesidades tras un arbusto. Se subió las bragas, el vestido (un vestido ligero y sencillo: sin ningún esplendor ni excesivamente adornado) y caminó de vuelta al sendero de los viajeros que transcurría paralelamente con aquella sección del rio.
El







