Capítulo 8

Luego de esa experiencia con Julieta los meses pasaron. Yo me dediqué a mi trabajo y de vez en cuando también hablaba con Juliett sobre las aventuras que ella tenía por toda la ciudad. No me sorprendía todo lo que compartía conmigo porque desde el primer día supe que tenía una gran personalidad inquieta.

Constantemente me decía que debía hacer lo mismo que ella, que me olvidara de escribir, pero sinceramente no podía. Me tentaba cada vez que me decía que la siguiera, pero mi pasión era la literatura y no había renunciado a toda una vida de medicina para terminar de no potenciar y exprimir mi talento como escritor.

Luego de la monotonía por un mes aproximadamente recibí una invitación de Juliett para ir a su casa y pasar el rato. Quería contarme sus anécdotas que había vivido durante esa semana y sinceramente nunca sabía cómo es que encontraba tanto panorama por hacer.

Al llegar a su casa me dirigió inmediatamente a su habitación. Tal como sospeché su cuarto era totalmente blanco, aunque eso no quería decir que no tuviera accesorios, complementos o ciertos objetos de otros colores, ya que, tendría que vivir en un mundo sin más colores para que fuera posible no tener en su posesión diversos objetos con diferentes tonos que los diferencien. Aun así, el blanco predominaba y me gustaba porque le daba amplitud y buena vibra al lugar.

—Ven aquí —me dijo Juliett indicando que me sentara con ella en su cama.

—Aquí estoy —le dije mientras me sentaba lo más junto a ella que pudiera.

—Cierra los ojos —me indicó.

Una vez le hice caso, sentía como se levantaba de la cama y abría la ventana que estaba cerca. Un aroma a rosas y el canto de los pájaros ingresaron a la habitación provocando que me sintiera relajado, además, también sentía unos pocos rayos del sol cubriendo la cama. Se sentía bien.

—Cuando quiero un momento de paz eso es lo que hago —volvió a sentarse al lado mío.

—Es una excelente técnica, me sentí relajado muy rápido —confesé.

En general siempre me sentía relajado con Juliett. Siempre que me juntaba con ella esperaba terminar relajado y distraído del mundo real porque eso es lo que siempre obtenía de ella sin excepciones. Y espero que esa sensación de relajado nunca se vaya de mi lado.

—¿Quieres té? —preguntó Juliett.

—Está bien ¿Por qué no? —le decía mientras me levantaba de la cama.

—Espera aquí, tomaremos en el balcón que tengo aquí en mi cuarto —decía mientras se alejaba.

Mientras la esperaba revisé el balcón y efectivamente tenía una mesa bastante bonita hecha exclusivamente para dos personas. No había espacio para más.

Era una mesa blanca de madera muy rústica y las sillas hacían juego con ese concepto. Encima de ella tenía porcelana de color amarilla en donde destacaban en su diseño las rosas del mismo color mencionado.

Juliett se estaba tomando su tiempo para traer el té así que decidí pasar al baño. Juliett tenía un baño en su cuarto, pero no quería parecer invasivo o creyera que busco una excusa para hurgar en su lugar. Decidido, salí apresuradamente de la habitación para demorarme lo menos posible y así Juliett pudiera encontrarme en la habitación en cuanto volviera. Desafortunadamente salí tan despavorido que choqué con alguien.

—¡Disculpe! —dije rápidamente por instinto.

Era una sirvienta que llevaba mucho papeleo en la mano y todo se desparramó sobre el suelo. Rápidamente me agaché para ayudarla.

—No necesita ayudarme señor, puedo encargarme de esto sin problemas —decía la sirvienta con la mirada hacia abajo.

—No es problema para mi —sonreí.

Mientras juntaba algunos papeles me encontré con unas esquelas para cartas y sorpresivamente el diseño de una de ellas se me hacía familiar.

—Disculpe, pero ¿Estás cosas para donde las lleva? —pregunté.

—Las llevo a la oficina del Señor Varcarnyo. Con permiso —respondió mientras me quitaba lo que ayudé a reunir.

De repente me recorrió un escalofrío por la espalda porque recordé que ese diseño de esquela es el mismo que encontré en la carta misteriosa encontrada detrás del cuadro ¿Esas esquelas las usará solo la familia Varcarnyo? Y de ser así ¿Por qué mi padre tendría guardado algo de ellos?

Con muchas preguntas y pocas respuestas logré encontrar un baño para visitas, pero antes de salir por el pasillo escuché la voz de Juliett.

—Papá, solo somos amigos —dijo.

—No me agrada que esté tan cerca de ti y tu hermana —respondió.

—Entonces ¿Por qué cuando Jacob llegó a la ciudad lo recibiste en tu casa para almorzar? —preguntó Juliett.

—Tú hermana fue quien lo invitó y para no ser descortés no lo eché de mi casa. Eso es todo.

—Si tienes problemas con los Wintt resuélvelo directamente. Los hijos no tenemos responsabilidad en las peleas de los padres —dijo Juliett decidida.

—Si te dañan a la familia, tú deber como hija es proteger y apoyarme. Estar de mi lado —dijo mientras se daba media vuelta para irse.

¡No lo podía creer! El señor Wintt no me estimaba para nada solo por mi apellido. Yo no tenía idea de que existía algún tipo de guerra o enemistad tan grande solo pensé que se centraba únicamente en los negocios y mundo empresarial.

Antes de que Juliett llegara, volví a su habitación y me acomodé en la terraza.

—Este es el mejor té que hago. Mi especialidad —dijo orgullosa.

Es increíble como es capaz de poder discutir con su padre y sonreírme de manera tan cálida al mismo tiempo. No sospecharía por ningún motivo que acababa de tener un acontecimiento triste. Me gustaba mucho eso de ella, que su calidez era difícil de disipar y tenía mucha fuerza. Así era ella en general.

—Hoy estas preciosa —se me escapó.

Juliett se sentó en la otra silla de la terraza totalmente sonrojada e intentaba acercar la taza de té para ocultarlo. Intenta tomar té para disimular aún más pero todavía estaba muy caliente como para que resulte bien.

El hecho de que usara blanco realzaba aún más sus emociones, sobre todo cuando sus mejillas se colocaban rojas y eso me encantaba también.

—Perdón, lo dije sin más, no quería hacerte sentir incomoda —confesé.

—¡Está bien! Viniendo de ti, no me molesta —otra vez se relajó.

Hablamos durante toda la tarde, pero el tema de la carta que encontré en el escritorio seguía dándome vuelta y no importaba si la curiosidad mató al gato, yo quería saberlo todo.

¿Sabes Juliett? Aún recuerdo esa discusión que tuviste con tu padre ¿Hubiera cambiado algo si lo hubieras escuchado y te hubieras alejado de mí?

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