La Espera y el Perdón
El hospital tenía un sonido particular en las noches. Ese zumbido constante de monitores y pasos en los pasillos, murmullos lejanos y el leve chasquido de las persianas cuando el viento se colaba por alguna ventana mal cerrada. Aurora estaba recostada, con la mirada perdida en el techo, sintiendo el peso de los últimos días en cada rincón de su cuerpo.
Juana seguía allí, aferrándose a la vida dentro de ella, y Aurora sabía que cada día era un regalo. Un regalo que no podía