Al ver a su hijita perder la sonrisa y sobresaltarse por el ruido, Moira de inmediato tomó aire y se obligó a dejar sus sentimientos de lado y sonreír como si nada pasara.
—Pero que desastre. Mamá es tan torpe. —Rio nerviosamente—. Por suerte quedaron más galletas en la cocina, puedes comerte las mías si quieres, de todos modos, no me gustan tanto. —Se arrodilló en el piso para comenzar a juntar la comida arruinada.
—¿Y… por qué dices eso de ser como ese inventor famoso? ¿No que lo único que te