El lunes por la mañana, Zack tuvo una reunión con la señorita Mandy Anderson, la maestra titular de su hija, misma que acababa de regresar de sus vacaciones pagadas.
—Dr. Zack. —Lo miró con una sonrisa encantada mientras se sentaba en su escritorio—. ¿Mis niños se comportaron bien con usted, no es cierto? Odiaría saber que lo hicieron pasar malos tragos.
—Claro que se comportaron. Son buenos niños —admitió en medio de un bostezo.
Había trabajado demasiado ayer en el laboratorio y en su empresa.