Capítulo 13.
—¡¿Pero tú no te ibas a la ducha?!
Tal vez reacciono algo exageradamente mientras vuelvo a atarme el nudo de la bata lo más rápido que puedo. Pero de verdad que me ha asustado. Estaba tan concentrada en Abraham que ni me había percatado que ella estaba de cotilla.
—La ducha puede esperar. Lo primero es lo primero. Prioridades.
Como si nada, mi amiga se ha sentado en uno de los taburetes y está comiéndose las sobras de nuestro desayuno. No puedo evitar mirarla con una ceja alzada.
—No hagas eso.