James y Michelle corrían por todo el departamento, limpiaban cuanto podían y ordenaban como Thomas lo hacía, o al menos, como recordaban que lo hacía. La alacena de la cocina, nunca había estado tan llena; ni la mesa de madera, tan limpia y vacía.
— ¿Dónde pongo los libros? —, preguntó James con los brazos cargados.
— No lo sé... —; Michelle se detuvo a pensar, nunca se había preocupado por nada de eso, así que, realmente, no tenía idea —. ¿No tenemos un librero?
— Mmm, no... pero tenemos unas