―Ya no puedo perder más blusas, bebé. Me estoy quedando sin ropa, así que… ―tragó con dificultad y sus ojos bajaron a mi boca entreabierta―, quizá sería mejor si… ―dudó un segundo―, sería mejor si me sacó los pechos.
Se mordió el labio inferior con fuerza y su respiración se agitó hasta que sus tetas vibraron.
Asentí sin poder decir más.
En lugar de subirse la camisa, se sacó los pechos, ambos, por el escote, jalando la camisa hacia abajo, para después acomodarlos frente a mi rostro con extremo