Blaire regresó a casa sin poder quitar de su rostro, esa pequeña risita bobalicona, causada por el beso de Alexander. No es que fuese un beso apasionado, de lo contrario estaría medio desmayada. Fue tan solo un breve contacto, casi una especie de saludo. Pero había sido asombroso, él la llamaba “compañera” lo que era un concepto agradable. No sentía lo mismo que la hacía sentir Zacharías, porque con el ángel sabía que una unión de compañeros, y lo que fuese que eso conllevaba, no sería agradabl