Te amo, Gabriel.

Ser mimada por Gabe era asombroso, quien salvo para ir al baño no la dejaba levantarse. Y no es que los demás no estuviesen interesados en hablarle, o llevarle algún dulce. Es que cuando llegaban a la puerta, Gabe abría, les gruñía—literalmente—y les cerraba la puerta en la cara.

Pero los demás, como que habían hecho de aquello un juego divertido, porque la primera vez, Gabe hizo una especie de sonido similar a un quejido de pitufo gruñón y Xander, decidió seguir llamando a la puerta unas seis
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