Emi despertó en el suelo, en medio de un bosque bastante raro. Pero de Ileana no había rastro, así que empezó a caminar. A su lado de pronto apareció una pequeña niña. No estaba muy versada en los asuntos de las hadas y quizás aquella era una anciana que tenía apariencia de niña pequeña, sin embargo, sus entrañas le decían que era tan pequeña como su apariencia dejaba ver.
—Has sabido que soy un hada.
—Si, no sé cómo, pero lo sé.
—Los demonios saben identificarnos, y hueles como uno.
—Mi padre