Capítulo 47 — Lo que no se dice también hiere
El trayecto de regreso a casa fue más silencioso de lo habitual.
Nerina conducía con ambas manos firmes sobre el volante, la mirada fija en la carretera, pero su mente estaba muy lejos de allí. A su alrededor, los niños hablaban entre ellos, riendo por cosas simples, discutiendo quién había hecho más amigos ese día o quién había comido más en el almuerzo. Sus voces eran pequeñas burbujas de alegría que normalmente la envolvían… pero esa tarde apenas