Capítulo 24: El socio que jamás imaginó
La mañana comenzó antes de que el sol terminara de asomarse por completo sobre Atenas. Nerina abrió los ojos sin necesidad de alarma, como si su cuerpo hubiese entendido que su vida ya no le pertenecía solo a ella, sino también a tres pequeños corazones que dependían de su organización, su fuerza y su constancia. Ella permaneció unos segundos mirando el techo, respirando hondo, recordándose que aquel día marcaba un nuevo inicio para sus hijos y no podía