Capítulo 54 — Celos desatados
El silencio en la casa de era engañoso. Nerina cerró la puerta con más fuerza de la necesaria, dejando caer su bolso sobre el sofá sin siquiera mirar dónde caía. Su respiración estaba acelerada, no por el cansancio del día… sino por el caos que llevaba dentro en ese preciso momento.
Ella caminó de un lado a otro por la sala, como si necesitara moverse para no explotar, como si quedarse quieta fuera sinónimo de enfrentar lo que realmente estaba sintiendo y eso… no e