Por Rodolfo
Me acerqué a la impresora y saqué las dos copias del testamento que imprimí, me lo habían mandado a mi correo electrónico.
Le entregué un juego de copias a ella.
-Dejame estudiar bien los papeles, algo se debe poder hacer, alguna falla tiene que haber para anular esto.
-Hacelo, el miércoles, cuando salga de rendir, veo a un amigo que es abogado.
-Acordate que nos exigieron discreción.
-Quedate tranquilo, aunque creas que soy estúpida, no lo soy.
-Vos sos el que me llamaste estúpido.