CAPÍTULO 82. ¿PODREMOS CONFIAR?
Un ligero tic nervioso abordó a Victoria, la asistente personal, continuos espasmos se manifestaron sobre uno de sus párpados, sus manos temblaron y su respiración se agitó al ver tan molesto a atractivo abogado, como nunca lo había hecho.
—No sé de qué está hablando. —Pasó saliva con dificultad.
—Tampoco nosotros —Alexander intervino.
—Por la madrugada, después de retirarme de aquí, solicité a vigilancia que revisarán las grabaciones de este piso—. Vengo de verlas. —La fulminó con la mirada.
—