CAPÍTULO 11. SON SOLO MÍOS
— ¿Acaso se ha vuelto loco? —preguntó ella.
—No, nunca he estado más cuerdo. —Alexander dio un paso acortando la escasa distancia que los separaba.
Madison palideció, al tenerlo tan cerca de ella, y su pecho se agitó.
— ¿Qué es lo que quiere? —cuestionó con nerviosismo.
—Que hablemos—dijo áspero. — ¿Me permites pasar?
Madison se movió de la puerta y dejó que entrara.
Alexander no pudo evitar observar el interior de aquel reducido espacio, distinguiendo el pequeño comedor de cuatro sillas, ademá