El silencio fue más que suficiente para contestar sus preguntas. Las manos de Chrisma, la retenían obligándola a no dejar la mesa en la que se encontraba acostada. Su furia se incrementó al ver a kyo, retirar el cuerpo de su bebe.
—¡Suéltame chrisma! ¡Es mentira! ¡Él está mintiendo! ¡Todo es mentira!.
La silenciosa casa se llenó de angustia y gritos llenos de lágrimas.—¡Basta, no hagas esto…! Por favor… Ya no está… Ella se fue… Por favor… ¡No sigas!
Sus palabras estaban llenas de dolor, sin emba