Son las nueve de la noche y el piso 38 es de Irina.
No en el sentido corporativo. En el sentido práctico de los espacios después de las ocho: el silencio que tiene forma propia cuando ya no hay nadie más, cuando el aire recircula sin el calor de diez personas y la luz de las pantallas se vuelve el único contrapeso a la oscuridad del pasillo.
Irina trabaja con la segunda pantalla apagada. Un solo monitor. La luz mínima necesaria.
El análisis del bloque sur tiene un problema en la distribución de