En el cumpleaños de Nina, Tany se vistió acorde con la ocasión.
Era rellenita. A su lado, Samia llevaba un vestido de satén rojo oscuro, palabra de honor, que, aunque también resaltaba sus curvas, hacía que su figura luciera con una elegancia natural, sin dar ninguna impresión de exceso.
—¡Pececita, tienes un cuerpazo!
Todo estaba en su sitio, sin nada de más.
Pero Samia apenas pudo esbozar una sonrisa forzada.
Solo ella sabía el sacrificio que había hecho para llegar así a la fiesta. Había pas