Killian tomó el teléfono y lo miró: la sorpresa en su rostro se desvaneció al instante. Si había alguien en su agenda capaz de alterar sus planes, esa persona era Nina.
—¿A esta hora?
—Sí, ya lo sé. Pero si no te lo digo ahora, no podré dormir tranquila —habló Nina a toda prisa—. El sábado por la noche es el cumpleaños de una amiga mía. ¿Me harías el honor de venir?
La voz de Killian se mantuvo fría:
—Estoy muy ocupado. No tengo tiempo.
—Faltaste a mi celebración la última vez. Si no vienes est