Samia tenía el horario lleno aquel día. Al regresar al dormitorio tras la cena, notó una solicitud de contacto pendiente en su teléfono. El dolor en la cabeza había disminuido.
—Tany… ¿podrías tomarme una foto? —pidió en voz baja.
Tany saltó de la cama alarmada al enterarse de que le habían golpeado y, tras examinarla con el celular en mano, suspiró aliviada: el corte era pequeño y superficial.
—¡Recién te fijas ahora en tu herida! —exclamó con cariño, regañándola por ser tan descuidada—. Menos