Chad
Llego al restaurante pasadas las cinco. Veo mucho jaleo en el lugar y un destello rojo pasar rápidamente frente a mí, la sigo con la mirada y la clavo en su trasero que se mueve en una perfecta sincronización. ¡Joder!, que pedazo de masas. En un rápido movimiento Gina se da la vuelta para mirarme con seriedad.
—Deja de mirarme el culo. —Se cruza de brazos y sus pequeños pechos se realzan un poco —. Deja de mirarme las tetas.
— ¿Qué te miro entonces? —Preguntó divertido.
Los ojos imbécil, h