(Narrado por Cristian)
El parabrisas de mi coche estaba cubierto por una capa delgada de lluvia sucia, esa clase de llovizna densa que arrastra el hollín de los suburbios y empaña los cristales hasta volverlos opacos. Estaba estacionado a media cuadra del Motel Oasis, un nido de mala muerte en la periferia de la ciudad donde el asfalto cedía ante los baches y la maleza. El letrero de neón de la entrada, descolorido y parpadeante, zumbaba con un ruido eléctrico intermitente, arrojando destellos