Harper
En lo que Amelia hablaba con el doctor sobre la condición de su padre, su madre se acercó con aire prepotente a mí. Sabía que venía a la guerra con esta mujer y ese imbécil, por eso me he preparado muy bien de camino para darles batalla. Nadie, absolutamente nadie en esta vida tiene el derecho de hacer llorar a mi princesa. No me gusta verla triste y decaída, me gusta verla reír y brillar de felicidad.
—¿Cuánto quiere por dejarla? — su pregunta me tomó por sorpresa y me molestó de sobrem