Amelia
Busqué a mi mamá entre todos las personas que se encontraban en la sala y, según la vi, no dudé en acercarme a ella.
—Mamá, ¿cómo estás? ¿Cómo está papá?
—Por fin apareces, pensé que ya no querías saber nada de nosotros.
—Lo siento, sé que no tengo perdón de Dios, pero realmente no pienses eso, mamá. Ustedes son muy importantes para mí — la abracé, sintiendo culpa y dolor en el pecho—. Perdóname, aunque en el fondo no lo merezco.
—Lo importante es que estás aquí — correspondió a mi abraz