Camila
Franco llegó tarde a casa, se notaba en sus ojitos que estaba muy cansado. Hoy fue un día pesado para él, pobrecito.
—Cariño, por fin estás en casa. Sabes, le dije a Lola que hiciera para los dos la lasaña de berenjenas que tanto te gusta.
—Oh, eso suena bien.
Me senté en su regazo y le di un abrazo, él puso su brazo sobre mis piernas y las acaricia.
—Me gusta que estés aquí, ¿no te lo había dicho?
—No, no me lo habías dicho. ¿a qué se debe esa confesión?
—Nada, solo quería expresarlo po