Chantal.
Las calles pasaban por el reflejo de los cristales. Su respiración se aceleraba a medida que se acercaba. En esos momentos tenía muchos miedos, pero ninguno le retorcía las emociones como al que se iba a enfrentar.
El edificio era gigantesco. Estaba pintado de blanco y por su estructura se podía decir que tenía más de setenta años. Los jardines eran espaciosos, estaban bien cuidados así como el césped. La decoración festiva no pasaba desapercibida. Según avanzaba se iba haciendo más a