Chantal.
El ardor en sus ojos no cedía, a pesar de estar bajo los efectos del fármaco que había tomado la noche anterior, esa droga no lograba calmar el sentir de su corazón pulverizado. En otras ocasiones de dolor se había hecho a sí misma olvidar a toda costa lo sucedido, pero en esta no. Quería ser plenamente consciente de cada engaño, de cada artimaña, de cada sucia jugada que aquellos seres inescrupulosos habían acometido contra ella. No se daría el lujo de olvidar quienes habían jugado co