Dixon.
Aquellas palabras se le clavaron en el pecho como un puñal cargado de recuerdos tan hirientes como gratificantes. Era verdad, ella había sido el principio, en lo que se había convertido, en un hombre que va de cama en cama robando orgasmos femeninos. Tal y como Harper lo había adiestrado. Ella lo había usado para darle el placer que su padre no le proporcionaba.
Por su mente pasó todo en cuestión de segundos, la diversión fortuita, los gemidos ocultos, la excitación profanada, los celos