Dixon.
—¿Además de no estar vestido acorde a la ocasión, qué más te molesta? —le preguntó su padre con el ceño fruncido bajo las luces de aquel lujoso restaurante.
—No estoy vestido acorde, porque prácticamente me hiciste salir corriendo y conducir dos horas para encontrarte —dijo con fastidio—, y eso no es lo que me molesta, te conozco, padre, y no me hiciste venir hasta aquí, solo para hablar de negocios.
Daniel asintió, le esbozó una sonrisa cargada de suficiencia, Dixon le veía fijamente,