Chantal.
Chantal leyó reiteradamente aquel trozo de cartón rosa con tinta negra que yacía sobre sus dedos. No lo podía creer. Era uno de esos momentos en los que se hubiese pellizcado solo para saber si lo que veía era real. Su corazón se aceleró, se movía dentro de su pecho de esa atroz manera de la que solo Dixon podía ser culpable. Sonreía nerviosa, una energía totalmente nueva se instalaba dentro de su pecho. Caminó de un lado al otro delante del mueble.
Dixon, precisamente él, le había h