Capítulo 33.
Chantal.
El aire fresco se colaba por las ventanillas del auto en movimiento. Le batía los rizos. Chantal miraba el paisaje, con la vista perdida en los objetos que pasaban a toda velocidad. Sus ojos aún ardían, aunque ya estaba bastante calmada. Las ganas de llorar la seguían invadiendo. Pero ya había derramado tantas lágrimas que no se podía permitir abrirle el paso a otras más. Era uno de esos momentos en los que podía jurar que el mundo se le caía encima, una sensación que recordaba bien, y