Chantal.
Sus manos le recorrían las caderas, el tacto exigente contra la tela de los pantalones holgados quemaba. Enredaba su boca con la de ella como confirmación ante lo que había sugerido. No se lo había dicho, pero también lo extrañaba, lo deseaba y necesitaba en cuerpo y alma. Estaba atada a ese Derricks, amarrada con esos hilos rojos de los que se culpa al destino por terminar uniendo en vida a quienes no deberían estar juntos; ellos eran un claro ejemplo, y a pesar de todas las vicisitud