Dixon.
Sus labios sobre los de él, eran la gloria que había anhelado por todo este tiempo. Su mente sentía gran alivio, pues esto que estaba ocurriendo entre ellos era real. La había soñado, pensado y deseado tanto que le costaba soltarla. Si la felicidad tuviera cuerpo y esencia sería ella, porque eso que lo abarcaba y le calentaba el pecho era alegría pura, amor que solo esa Robinson podía desatar en él. La quería así, con sus miedos e inseguridades porque mientras estuvieran juntos le podían