Dixon.
El viaje de regreso fue tranquilo, Chantal, como de costumbre, se quedó dormida. Sus dedos estaban entrelazados y él podía notar cierta paz en su semblante. Aparcó frente a su edificio, había anochecido y era hora de separarse, cosa que él no quería. Sopesó la idea de secuestrarla y llevarla hacia su apartamento, pero no quería acelerar las cosas, aunque las ganas de poseerla le estaban quitando el juicio.
—Hemos llegado —susurró en su oreja y luego comenzó a dejar pequeños besos sobre e