Capítulo 21. Dos promesas
Isabella
«Era la misma Azahara, aquí, en Toronto, en el servicio de damas de un restaurante que habíamos llegado de último momento, ¿Casualidad del destino?, o ¿Planeado?»
—Azahara—esa única palabra salió de mi boca, sin dejar de mirar su reflejo contra el espejo, estaba a mi lado, ella pareció no sorprenderse por mi presencia, entonces eso me hizo pensar muchas cosas… «¡Dios mío, Zaid!» Y ella, como mujer musulmana, no debía de estar sola sin un pariente de sangre, mi corazón latió más rápido