—no hay nadie que pueda liberarte, además, no lo veas cómo si fuera lo peor del mundo, vas a vivir bien
—no estoy de acuerdo con los matrimonios forzados, he conocido sobre ese tipo de relación que a la final no trae nada bueno
—no es forzado, tú eres mi destino— se aleja y Leticia lo observa con mucha atención
—¿Se supone que debe ser de tu raza? Siento que te estás burlando de mí
—¡No es así!— dijo con firmeza y luego hace una mueca de disgusto
—¡No puedo casarme! ¡No te amo!— Leticia es si